Palabras por Nixa Gnaegi de Ríos al recibir el premio “Poder Ciudadano Ing. Jean Julien Canavaggio”

Su excelencia Lic. Martín Torrijos Espino, Presidente de la República de Panamá.

Sr. I. Roberto Eisenmann Jr; Presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana.

Miembros de la familia del Ing. Jean Julien Canavaggio Bordoni

Miembros de la mesa principal

Benefactores de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

Invitados especiales

Damas y Caballeros

En primer lugar quiero agradecer al Comité Pro-Defensa del Sendero los Quetzales y a la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancón) por haberme postulado para tan importante premio.

Ciertamente es un homenaje no a mí persona, sino a aquellos panameños que tesoneramente durante más de 2 años, participaron en manifestaciones, foros, marchas; y quienes con la publicación de sus artículos y caricaturas en diversos diarios, lograron impedir la construcción de la mal llamada “Carretera Ecológica” entre Cerro Punta y Boquete. Además, este movimiento logró atraer la atención internacional de organizaciones defensoras del ambiente quienes han reconocido la importancia de apoyar la preservación de nuestros Parques Nacionales, que además de ser polos de desarrollo turísticos para nuestro país, representan para el mundo entero una riqueza invaluable para la supervivencia del ser humano, en este planeta cada vez más amenazado por la acción irresponsable del hombre.

A la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana y sus benefactores mi más sincero agradecimiento y respeto por esa labor tenaz que llevan a cabo para fortalecer la democracia en nuestro Panamá.

Este caso del “Sendero los Quetzales” es la última de varias ocasiones durante mi vida, donde me he involucrado con otros ciudadanos en defensa de los panameños y de nuestro patrimonio.

Se preguntarán ustedes como y por qué yo Elena Nixa Gnaegi Urriola de Ríos se involucra y se entrega con pasión a defender los derechos de los ciudadanos?

Mi educación superior la recibí en Suiza, conviví con mis abuelos suizos, y aprendí de ellos, entre otras cosas, como un pequeño país, como el nuestro, solamente puede progresar, mediante la participación activa de sus ciudadanos en todas las decisiones que afectan la comunidad, lo cual requiere de gran sacrificio y a veces hasta el estar dispuesto a soportar represalias por expresar sus ideas.

Los suizos defienden el bienestar colectivo exigiéndoles pacífica pero firmemente a sus conciudadanos y gobernantes, el respeto a las leyes y el castigo a los que las infringen.

Podría pasarme la tarde enumerándoles ejemplos de cómo el suizo cotidianamente defiende sus tradiciones, y su democracia, ante vecinos o extranjeros que quieren imponer sus costumbres afectando la coexistencia pacífica de sus 6 millones de habitantes en un territorio del tamaño aproximado de Chiriquí y Bocas del Toro.

Esta idea de agrupar a los ciudadanos para defender la institucionalidad de la patria y sus recursos no es original mía, la importé de Suiza y la sigo nutriendo cada año que visito mi comuna de origen en las riberas del Lago de Biel.

Allí, exilado en la isla de Saint Pierre, el agudo y fogoso filósofo Jean Jacques Rousseau, alrededor del año 1750, escribe sobre la coexistencia del hombre con su hábitat, y logra impactar para siempre, a los confederados que hoy, deben su bienestar económico, al haber sido capaces de convertir su pequeño y montañoso país en un Santuario donde se venera y respeta tanto al Hombre como a la Naturaleza.

La pregunta ahora es ¿Cómo lo lograron, si los suizos son de carne y hueso como los panameños? ¿Qué nos diferencia?

Esto me lleva al mensaje medular que les quiero transmitir: “ La participación activa del ciudadano que se logra a través de la educación”

Justamente en “Ins”, pueblito a 20 kms de distancia de donde vive mi familia, el conocido pedagogo Pestalozzi, a finales del siglo XIX, introduce la idea de educar a la población en temas sociales, desde las escuelas, a través de la educación que se le imparte a los niños y la “Escuela para Padres” para lograr la inmediata implementación de las estrategias del estado en materias referentes a la buena convivencia en sociedad. Este método se sigue empleando desde entonces hasta el día de hoy.

La piedra angular del éxito de este método es la estimulación a través de debates en las escuelas, en las familias y la sociedad en general, sobre todos los temas que le beneficien o perjudiquen.

Por ejemplo, hace 3 semanas el tema central y candente en las conversaciones de los suizos de todas las edades fué el de las votaciones generales sobre si se les podía otorgar la nacionalidad suiza, de forma automática, a los hijos de extranjeros de la tercera generación. Por estrecha mayoría el pueblo rechazó la propuesta…

Esto me lleva a aprovechar la presencia del Excelentísimo Presidente de la República y sus Ministros de Estado para proponerles que, cómo política de estado, se promuevan paralelamente a los tradicionales concursos de oratoria; debates sobre temas de trascendencia que impactan a las comunidades.

Los debates nos ayudan a comprender los puntos de vista de los opositores. Nos obligan a la investigación para poder defender una causa, no solo con pasión, sino con argumentos. Nos preparan para defender nuestros derechos en foros internacionales donde a menudo nos tenemos que enfrentar con contendores ancestralmente preparados para debatir sus puntos de vista, sin tener que recurrir a la violencia.

Muchos llaman a Costa Rica, la Suiza de América; Panamá también puede ostentar dicho título: Panamá es un país neutral; somos geográficamente el centro del continente; con una población multicultural que coexiste pacíficamente y sin perjuicios raciales. Contamos con paisajes de belleza natural incomparables y climas variados.

Lo único que nos falta es educar a los Panameños para emular a los Suizos. Debemos darle mayor importancia a la honestidad, a la honradez, a la transparencia, a la ética, y a los valores; ya que de esta forma garantizaríamos una coexistencia pacífica entre gobernantes y gobernados. Los panameños debemos ser amantes y defensores de nuestro patrimonio natural y cultural. De igual forma, debemos convertirnos en protagonistas activos de todo lo que involucre nuestro bienestar comunitario, y que el panameño deje de ser solo un espectador y un crítico de funcionarios públicos a quienes más bien debemos enseñar el respeto a la voluntad del Soberano, el Pueblo: nosotros.

Para terminar quisiera instar a todos los aquí presentes, sabiendo de antemano que muchos de ustedes apoyan económicamente a la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana, para que adicionalmente adopten un proyecto cuyo objetivo sea el fortalecimiento de las libertades, dedicándole a éste tiempo y haciéndolo con pasión. Así evitaremos que futuras generaciones tengan que recurrir a la violencia, como lo han hecho durante décadas, nuestros vecinos de Colombia, quienes apenas hace unos pocos años empezaron a promulgar el lema parafraseado así:

“Involúcrate, los asuntos de la comunidad requieren de tu tiempo hoy, mañana puede ser tarde”